ERRORES COMUNES EN LA COMUNICACIÓN CON LA PAREJA Y CÓMO SOLUCIONARLOS.

La pareja es una fuente primaria y esencial de refuerzo para el ser humano. Con nuestra pareja empezamos a construir proyectos que son importantes en la historia de nuestra vida (compartir una vivienda, tener una familia, realizar viajes, etc.) y vamos madurando y aprendiendo nuevos aspectos propios y de la otra persona.
Pero, como en la gran mayoría de las cosas relacionadas con otras personas, no está exenta de tener conflictos. Por ejemplo: maneras diferentes de abordar un problema, diferencia en valores educativos, diferencias de roles y muchas más cosas. Estos conflictos son inevitables y son necesarios que estén porque de su resolución dependerá que la pareja se fortalezca o se vea resentida.
Como se ha comentado antes, los conflictos siempre nos acompañarán en la vida en pareja (los hijos, la casa, la limpieza, las cortinas…). Esos problemas son los que llamaremos, primarios. Es decir, aquellos que vienen por ver el mundo de una manera. Ahora, la manera de resolver estos problemas deriva muchas veces en lo que podemos llamar problemas reactivos y suelen venir por la forma de comunicarnos dentro de la pareja. Estos problemas son los que suelen generar mayor malestar dentro de la pareja.
Así que, la forma de comunicarnos con nuestra pareja es muy importante. A continuación, presentaré una serie de errores comunes que se presentan en la comunicación dentro de la pareja y que suelen derivar en problemas reactivos. Esta lista ha de considerarse como una lista ilustrativa que muestra solo algunos ejemplos.
Alejamiento temporal: Uno de los miembros de la pareja hace excesiva referencia al pasado o a un futuro hipotético.

Seguidamente, mostraré unas pautas para realizar peticiones a la otra persona y no cometer los errores antes nombrados.
IDENTIFICA QUÉ NECESIDAD NO SE HA CUBIERTO
Para sacar algo en claro de la otra persona, los primeros que tenemos que aclararnos somos nosotros mismos. Debajo de cada reproche siempre hay una necesidad que no se ha cubierto. La primera tarea a la hora de pedir, y la más ineludible, es identificarla. Cuando no obtenemos lo que queremos, es muy fácil notar frustración e insatisfacción, sobre todo en forma de cabreo. Más complicado resulta identificar lo que queremos y por qué nos importa. Pedir es empezar a tomar parte activa en nuestro bienestar. Si no, tendremos que optar por esperar a que el otro adivine nuestras necesidades y que nos las provea.
Reproche: “vas a tu bola”.
Necesidad que hay debajo: me gustaría que me tuvieran en cuenta.
Si sabemos lo que se nos pide, las probabilidades de cumplirlo se incrementan drásticamente. El quid de la cuestión está en traducir nuestras peticiones en comportamientos concretos.
Imagina que quieres que se “te tenga en cuenta”. Así formulada esta petición es una abstracción, algo difícil de satisfacer. Plantéate: ¿Qué comportamientos concretos tendría que emitir para que te sintieras así? ¿Saludar nada más llegar a casa?, ¿Escribir algún mensaje a lo largo del día para preguntar cómo estás?, ¿Consultar tu opinión antes de tomar alguna decisión? Aquí las opciones son infinitas, por eso es nuestra responsabilidad identificar las que nos importan y expresarlas lo más claramente posible. Poco específico: “quiero que empieces a tenerme en cuenta”. Específico: “quiero que me preguntes cómo me ha ido el día cuando llegues a casa”.
SÉ EXPLÍCITO
Es probable que haya un momento, ese en el que toca pedir algo, en el que te sientas incómodo/a. A lo mejor te frustra tener que facilitarle al otro algo que “debería” ser su responsabilidad, o que te dé miedo que tu petición derive en una bronca. Pero llega un momento en el que toca abrir la boca y dejarse de rollos; no esperar a que el otro lo adivine, no dejarlo intuir para ver si lo recoge. Toca decirlo de forma clara y explícita. Si no, te tocará montar una bronca con cualquier pretexto para que, al final, acabe emergiendo tu necesidad real.
UTILIZA UN TONO ROTUNDO

Aclaración: rotundo no significa desagradable. Si estás molesto, no te sientas mal porque se te note. Las emociones sirven, entre otras funciones, para comunicarnos y no ganamos nada con disimulos. Sobre todo, porque, si pasas de puntillas por este punto, es muy probable que la frustración y el rencor se vaya acumulando hasta que la relación se resienta. Así que ponte de frente, mira a los ojos y usa un tono claro.
USA MENOS UN LENGUAJE ACUSATORIO Y MÁS HABLAR EN PRIMERA PERSONA
El tono rotundo al que me refiero es el que expresa lo que quieres y cómo te sientes, no tus opiniones sobre la otra persona. En general, no es buena idea cargar contra la otra persona o cuestionar sus intenciones. Si hablas de ti, de tus opiniones y emociones ese será el tema a resolver. Si hablas de lo que hace el otro, la atención se centrará sobre por qué actúa como lo hace, generalmente en forma de bronca. Esta opción difícilmente va a dejar algo bueno para ti. Fíjate en el ejemplo: en ambos casos se habla del mismo suceso, pero no se está hablando de lo mismo.
Acusación: “vas a tu puta bola”.
Primera persona: “cuando no me saludas al llegar a casa siento que me ignoras y me da la impresión de que no te alegras de verme”
COMPRENDE QUE PEDIR NO OBLIGA A NADA
Esta idea tiene una doble lectura. Por un lado, hace que pedir sea menos tenso porque aclara que tu petición no compromete a nada, la otra persona puede negarse perfectamente. Igual que es tu responsabilidad expresar lo que quieres, le compete al otro negarse si es lo que quiere. Si esto está claro, no hay razón para sentirse abusivo o con morro. Por otro lado, también ajusta expectativas: que pidas las cosas bien no implica necesariamente que el otro acceda. Cada cual tiene sus razones para actuar y lo importante es conocerlas (tanto las propias como las ajenas) de la manera más clara posible. Esa es la única vía para incrementar las probabilidades de que lleguéis a un acuerdo.